Sobre mi

Mi nombre es Ester Blanes y soy licenciada por la Facultad de Veterinaria de Murcia.

Mi pasión por los animales me viene desde muy pequeña, aunque nunca me plantee ser veterinaria hasta que me encontré en la tesitura de elegir carrera. Pese a que nunca lo tuve del todo claro, pareció como guiado por el destino y poco a poco me di cuenta de que esta carrera estaba hecha para mí.

No fue hasta cuarto de carrera cuando empecé a conocer el increíble mundo de la acupuntura. Hasta entonces, había oído hablar sobre ella en personas, aunque tampoco sabía muy bien de qué trataba esa parte de la medicina oriental. En unas prácticas de cirugía, el profesor Zilberstein nos enseñó unos vídeos sobre perros tratados mediante acupuntura. Me quedé perpleja de todo lo que esta maravillosa medicina era capaz de hacer, perros completamente desahuciados, paralíticos, con enfermedades degenerativas… (lo que en cualquier clínica es un caso perdido listo para eutanasiar), se recuperaban por completo. Para mí esa práctica de dos horas cambió mi vida.

Otro hecho que cambió mi vida fue conocer la homeopatía. Había oído a mi madre hablar muchas veces sobre ella, pero como a la mayoría de gente le pasa, cuando las madres hablan… a veces no se les prestas mucha atención. Era como saber que existía, pero no me planteaba ninguna curiosidad. Hasta que un día me decidí a probarla.

Desde que tenía aproximadamente 18 años padezco de psoriasis, aunque por entonces no lo sabía. La psoriasis es una enfermedad inflamaroria crónica no contagiosa, en la que tus propias defensas se vuelven un poco locas y atacan a la piel. Al principio eran sólo pequeños eccemas en los dedos de las manos que me quitaban aplicando Menaderm simple en pomada. Aparecían, desaparecían, aparecían, volvían a desaparecer.. así indefinidamente. Hasta que en 2008 mis manos eran un auténtico desastre. Al principio fuí a la médico de cabecera, la cual me trató con Daivovet, una pomada que contiene 1g de Betametasona (una burrada). El único tratamiento para la psoriasis en la medicina occidental son los corticoides, pero a la larga tienen muchísimos efectos secundarios. Este tratamiento me fue bien durante un tiempo. Mis lesiones desaparecían, pero en cuanto dejaba de aplicarme la pomada, un nuevo brote resurgía y tenía que volver a aplicármela. Decidí ir al dermatólogo porque pensé que me daría un tratamiento más personalizado para mi tipo de lesiones, con lo que conseguiría controlar mi enfermedad. Lo que me mandó fue Protopic (tacrolimus), un medicamento inmunosupresor, que se está empezando a recomendar desde hace unos años para el tratamiento del eccema. Supuestamente cuenta con un montón de ventajas, y digo supuestamente porque ningún médico cuando te receta un fármaco milagroso te habla de las desventajas, que yo barajé y para mi eran demasiadas. La estuve probando durante un tiempo, aunque finalmente cese el tratamiento debido a la ausencia de resultados.

En verano del 2009, como nada me terminaba de curar del todo, decidí dejar mis manos tranquilas durante un tiempo y no aplicarme ninguna pomada. Comencé a temerles a los corticoides y me negaba en rotundo volver a aplicármelos. Sabia de todos los efectos adversos que tenían, mi piel se quedó tan fina, que el mínimo roce me producía arañados, y no me quise ni imaginar de como estaría mi cuerpo internamente. La psoriasis se apoderó de mi.

No conseguía dormir por las noches. Me despertaba rascándome ansiosamente y lloraba de desesperación. Durante el día tenía los dedos engarrotadas del líquido seco que emanaba de las grietas de mis manos y lo único que me calmaba un poco era bañarme en la playa, ya que a remojo mis costras se reblandecían y podía estirar los dedos sin causarme mas heridas. Lo único me me apliqué durante ese periodo fue aloe vera, pero tampoco era suficiente.

Al final de verano volví otra vez al Daivobet, pensé que al menos debía quitar el desastre que tenía en las manos y luego ya vería. Mi madre no paraba de pedirme que fuera al médico, pero yo me negaba una y otra vez, ya que podía preveer cual iba a ser el resultado de la visita. Ahora entendí porqué a muchos perros les aterra ir al veterinario e intentan con todas sus fuerzas evitar la visita escondiéndose debajo de la cama o poniendo resistencia a la hora de cruzar la entrada a la clínica. Y es que un perro ¿no puede sentir igual?

Fue entonces cuando mi madre me propuso ir a un farmacéutico homeópata que había aquí en Murcia, el cual tenía muy buena fama. Yo no sabía nada de nada sobre homeopatía, así que decidí investigar un poco. No me quedaba muy claro en qué consistía, era una medicina natural en la que la medicación ayuda a tu cuerpo a conbatir el problema desde dentro, no tratando los síntomas. Me animé a probarlo. ¿Qué podía perder?

Esta decisión fue sin duda la que cambió por completo mi vida. A las dos semanas de comenzar el tratamiento, mis lesiones habían comenzado a desaparecer. Si que es cierto que en alguna ocasión tuve que recurrir a los corticoides, pero solo esporádicamente y cada vez con menos necesidad. Dos años después puedo decir que mi psoriasis se fue.

He leído muchos artículos y noticias de gente que se atreve hablar de la homeopatía diciendo que es puro placebo, un engaño. Pues yo lo he vivido en mis propias carnes y puedo decir que la homeopatía me ha curado una enfermedad incurable.

Gracias a esta experiencia mi vida cambió radicalmente y mi visión sobre la salud también. Es por todo esto que día a día intento formarme más y más en tratamientos naturales y medicinas alternativas, esperando poder ayudar de una manera distinta y mejor a los animales.

¿Quién querría atiborrar a su mascota de corticoides enmascarando un síntoma temporalmente pudiéndolo curarlo de una manera natural para toda su vida?

 

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